El Tejedero de Niebla y la Piedra del Silencio
"Antes de que la primera palabra fuera escrita, el silencio no era un vacío; era un hilo invisible que sostenía el peso de las estrellas." En los confines de una tierra cuyo nombre se olvidó en el primer parpadeo del tiempo, existía un valle suspendido entre dos realidades. En ese lugar, la gravedad no arrastraba los cuerpos hacia el suelo, sino hacia el centro de los pensamientos. Allí vivía un viejo tejedor llamado Ignis. Ignis no trabajaba con lana, ni con seda, ni con lino. Su oficio, heredado de una era donde los hombres hablaban con el eco de las montañas, era tejer la niebla de la mañana. Con un telar tallado en madera de un árbol que solo crecía durante los eclipses, entrelazaba la bruma grisácea para crear mantos de quietud. Esos mantos tenían una propiedad única: cualquiera que se cubriera con ellos olvidaba, aunque fuera por unas horas, el peso de sus memorias más densas. Un día, el valle comenzó a vibrar con una frecuencia extraña. Una grieta de luz dorada se abri...